Don´t forget to be awesome

Don´t forget to be awesome

viernes, 25 de julio de 2014

X

¿Sabes? Ayer estuve hablando de ti, sí, cinco años después,  como verás sigo siendo igual de idiota como lo he sido siempre. Le hablé a ella, no a mi ella de siempre (bueno, de lo que a mi me pareció siempre), esta es otra ella. No la conoces, igual que tampoco lo conoces a él. Me conoces a mí, o al menos eso solías hacer. Ella te caería bien, creo, quitando la parte de políticas y morales claro, ahí os tiraríais de los pelos. Anoche me dijo que yo era su isla, yo no se lo dije, pero ella también es la mía. Tú solías serlo, solías tantas cosas, y a la vez tú no hacías nada. Incoherente, lo sé. Es la primera vez que te escribo, esos números en un móvil medio roto no cuentan, y el resto de frases sinsentido tampoco. Estás loca, pensarás, siempre lo he estado. No le busques coherencia a nada de lo que escribo, no la vas a encontrar. Tampoco la vas a encontrar en mí, hace mucho que no la tengo, quizá ni me encuentres a mi, no sé si me he perdido, o a lo mejor es que nunca me llegué a encontrar. Anoche, ella, mi isla esta de la que te acabo de hablar, me dijo que estaba oscura, inaccesible. Sí, nos dijimos muchas cosas, el césped y la cerveza, que se ve que abren bocas, aunque esto de la misticidad es inherente a nosotras. Para que veas, soy de letras. Bueno eso, oscura, tiene gracia que me lo dijera justo el día que decidiste volver a tirarme todo el mundo por la borda. Tú, que te pasaste el último año proclamando a los cuatro vientos mi paso al lado oscuro, aunque ambos sabíamos que era mentira, pero lo que tú no sabías era como quemaban tus palabras. Quemaban, pasado, gracias a Dios. Sin embargo, las quemaduras nunca se quitan. Siempre están, siempre estás. Volviendo a mi isla, me gustaría que la conocieras, es sanación pura, te gustaría, a mi me está sanando. La otra ella, la antigua, esa es otra historia, y a ella sí que la conoces. No creo que te sorprendiera conocerla ahora, porque no es la que tú conociste, tampoco la que yo. Solía ser mi isla ella también. Solía, pasado, putada del destino. Perdona mis formas, siempre me contuve, salvo contigo, sabes que se me iba la boca más de la cuenta cuando estabas delante, la adolescencia y esa forma de perder las maneras para destacar, qué te voy a contar. Volviendo a la ex-isla, o no isla, no lo sé. Quizá, bueno, en realidad nunca lo fue. Solo se trataba de una bella parte del continente que yo decidí arrancar y hacer mía. Un refugio en medio del océano, pero el camino submarino seguía allí, por más agua que yo le echara. Y lo tomó. Tomó el camino y dejó de ser mi isla autofabricada. Y en medio de ella me quedé yo, intentando llamarla, romper el camino con ella a mi lado del continente. Pero no. No escuchaba. El ruido de la marea, ya sabes, ensordece y ahogaba mis gritos. No volvió. Mi isla se hundió, y el continente se completó. No sé nadar. Me ahogué. De cuando en cuando vuelvo a la superficie y me subo a la montaña más alta de mi isla, donde solíamos reír y llorar. Allí solo hay hierbas y polvo. Ella sigue sin volver. En cuanto a él. Él es el culpable de que tus quemaduras solo sean la bella huella de un sentimiento. Es, presente, gracias a Dios. ¿Es otra de mis islas sabes? Pero esta, como la primera de la que te he hablado, sí es de verdad, no las tuve que fabricar yo. Cero caminos submarinos de regreso al continente. Poco te voy a contar de él, pero también te caería bien (de nuevo, morales y políticas aparte, como verás mis islas no son muy de tu estilo, tiene sentido, o al menos eso creo ver yo). ¿Sabes? Él es la realización de lo que te quise a ti. Porque no lo sabes, pero te quise, quiero y querré. Pasado, presente y futuro, gracias a Dios o putada del destino, como lo quieras ver. Le debo más de lo que me gusta admitir, será por eso que cualquier parrafada es poca en lo que a él respecta, serán cosas del amor, más grande de lo que puedo abarcar. Y el que tengo para él se escapa de mis brazos y sale volando directo a él, espero, por mucho más tiempo. En cuanto a ti, se pasó tu tiempo, ya no tiene sentido hablar de ti. Eso me lo guardo. Y, después de todo, gracias, por el momento, el dolor y las sonrisas que tuve por ti.  Nos vemos, pronto o en miles de años. Vuelvo a encerrarte en el sótano de mi corazón, espero no tener que volver a sacarte en mucho tiempo. Cuídate, por los dos, a mi eso de cuidarme nunca se me dio muy bien.

jueves, 1 de mayo de 2014

No sabes como te echo de menos. Como nos echo de menos. ¿Dónde te has ido? ¿Dónde estás terminando? Cayeron tus rizos y tú con ellos, y nosotras con ellos.

viernes, 28 de marzo de 2014

Sabes que estás enamorada cuando al definir amor solo te sale describir sus ojos

lunes, 10 de febrero de 2014

Cuidado, la tristeza puede llegar a ser una adicción

Hace dos días le dije que un blog bonito solo puede mantenerse a base de tristeza, y aquí me tenéis. Tristeza, bonita palabra. Curioso que a alguien le resulte bonita una palabra que solo evoca dolor, melancolía y soledad, pero ¿acaso no son unos ojos tristes tan bonitos como unos alegres? Claro, yo y mi tendencia al dramatismo. Siempre lo he dicho, lo digo y seguiré diciendo, soy adicta al drama, y por qué no, también a la tristeza. Qué triste (y nunca mejor dicho) diréis (aunque no sé quien porque esto solo lo leo yo), tienes 18 años y mírate, vagando cual fantasma que solo quiere pasar desapercibido, qué haces con tu vida, vívela. Y yo, seguidores hipotéticos que acabo de crear en mi mente, os digo que la estoy viviendo, ser adicta a la tristeza no quita otras cosas,  no soy una depresiva constante. Tened en cuenta, queridos no amigos del espacio virtual, que tampoco está todo a pedir de boca. Os hablaría de ella, pero ahora no me apetece mucho ponerme a llorar (para que veáis, que tampoco es para tanto), os hablaría de la otra ella, la que me hace que me den ganas de tirarme por el balcón de mi casa, y os hablaría de él, aunque de él ya os he hablado. Y bueno, ese es mi estado ahora mismo, un estoy bien, o eso creo, o no sé qué. No sé, otra de mis palabras favoritas, ya me la volveréis a leer entes inexistentes del otro lado de la pantalla. Pues eso, con mi borderia característica postergo mi desastrosa literatura para otro día, o para dentro de dos horas, conmigo nunca se sabe.

viernes, 12 de julio de 2013

Diamond

Sentada, miraba hacia la ventana como hacía todas las tardes mientras estudiaba. Ya empezaba a hacer calor y la luz del sol bañaba su cara a través del cristal. Era muy guapa, castaña, un aparato que ocultaba la promesa de una sonrisa inolvidable, ojos grandes y marrones, pero tristes. Esos grandes ojos miraban por la ventana, anhelantes al ver a las parejas en el parque, abrazadas. ¿Cuándo me tocará a mí? Se preguntaba. Y así, día tras día, a la espera. Hasta que un día lo comprendió, un día esos ojos grandes y marrones dejaron de estar tristes, ese aparato descubrió esa sonrisa prometida, y cumplió con esa promesa. Fue entonces cuando fue inolvidable, para ella misma, para el mundo entero. Fue entonces cuando supo la respuesta a su pregunta: "Llegará". Nadie sabía cuándo ni dónde, pero llegaría. Lo único que tenía que hacer era sonreir, sonreir para que cuando llegara ese chico solo pensara en una cosa, en esos ojos grandes y marrones que jamás podría olvidar, en esa sonrisa que le perseguiría hasta en sueños, en esa risa que le devolvería la alegría. Porque, aunque ella esto no lo comprendía aún, era un diamante, imposible de dañar pero capaz de dejar una marca indeleble en aquellos que la conocían. Inolvidable.